Tras la estela del Mekong

Hay países que parecen dejados de la mano de Dios y que raramente se asoman a las noticias.

Laos podría ser uno de ellos. Ostenta el triste récord de ser el décimo país del mundo en cuanto a pobreza, y su relación con España se reduce a una confusa historia de fuga y detención que tuvo como protagonista al ex director de la Guardia Civil Luis Roldán.

Laos, sin embargo, es más, mucho más.

Es, por ejemplo, el esplendor de los templos de Luang Prabang, la belleza callada de Vientiane y la soledad de la región de las cuatro mil islas. Laos se merece, sin duda, un viaje de arriba abajo, siempre siguiendo el curso del misterioso río Mekong.

Mi viaje empezó, de hecho, en el norte de Tailandia, concretamente en Chiang Saen, una población regada por las aguas del Mekong en la que los turistas se hacen fotos junto a carteles que indican que están en el Triángulo de Oro, una zona cercana a la frontera con Birmania y Laos marcada por tráficos y peligros de todo tipo. Desde allí es fácil llegar hasta Chiang Khong en un pick up adaptado para el transporte público en el que vas enlatado como una sardina y dando botes como un canguro.

Sigue leyendo el artículo de Xabier Moret en El País

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